Se generó una campaña viral en redes sociales para convertir a Tim Payne, futbolista de Nueva Zelanda, en el protagonista del próximo Mundial. La iniciativa buscaba que el jugador, poco conocido y con pocos seguidores, ganara popularidad a través de la interacción en sus publicaciones.
La estrategia consistió en seguirlo, dar "me gusta" y comentar sus posteos, logrando que su número de seguidores se disparara de 4.000 a 5 millones en poco tiempo. La viralización alcanzó a importantes canales de deportes, cumpliendo el objetivo de hacerlo conocido a nivel mundial.