Sabrina compartió su testimonio de vida, marcada por problemas económicos, familiares y de salud desde la infancia, lo que generó un "vacío" y complejos de inferioridad. Experimentó angustia, tristeza y pensamientos negativos, llegando a intentar quitarse la vida ingiriendo pastillas. A pesar de despertarse al día siguiente, la frustración y los problemas persistían, incluyendo dificultades económicas y una vida sentimental "destruida".
Los problemas de insomnio y pesadillas se agravaron, llegando a escuchar voces que la incitaban a "matar a tu familia, mata a tu voz". Un programa de televisión de la Iglesia Universal fue el punto de inflexión, donde un pastor instó a los televidentes a tocar la pantalla. Sabrina sintió "paz" y decidió asistir a la iglesia. Allí, a través de la perseverancia y la liberación, logró superar su vacío y transformar su vida.
El testimonio concluye con Sabrina formando su propia familia y expresando que el Espíritu Santo fue clave para llenar el vacío y brindarle paz, fuerza y vida. Invitó a quienes atraviesan situaciones similares a buscar ayuda en la Iglesia Universal, enfatizando que "no hay nada que perder" y sí mucho que ganar.