Se destaca la importancia del cuidado personal y espiritual para los líderes, haciendo hincapié en las disciplinas espirituales y la relación con el Señor.
Se advierte sobre las mayores tentaciones que enfrentan los líderes y el impacto negativo que su caída puede tener en la congregación.
Se diferencia entre ser usado por Dios y ser aprobado por Dios, mencionando a Judas y Balán como ejemplos de personas usadas pero reprobadas.
Se enfatiza que el ministerio efectivo debe comenzar con una vida aprobada por Dios, buscando primero ser aprobado antes que ser usado.