El fiscal Raúl Garzón, a cargo de la investigación del femicidio de Agostina Vega, se encuentra en el ojo de la tormenta por graves errores cometidos en el proceso. Garzón declaró que a él no se le dijo que investigara un asesinato, sino la desaparición de una persona, lo que generó indignación.
Según las críticas, la mala investigación podría haber afectado las posibilidades de vida o sobrevida de Agostina. A pesar de las acusaciones, el fiscal insiste en que no tiene nada de qué arrepentirse ni corregir en la investigación, lo que aumenta el descontento público y político.
Diversos sectores políticos, así como la marcha de Ni Una Menos, han exigido la destitución de Garzón, junto con la renuncia del ministro de seguridad de Córdoba, debido a lo que consideran una gestión deficiente y negligente en un caso tan sensible.