Se relata la historia de un incendio en una ciudad de Alemania donde un perro alertó a sus dueños ladrando durante toda la noche, salvándoles la vida.
Lamentablemente, el perro murió porque estaba encadenado.
La anécdota se utiliza para advertir a los trabajadores de las cosas sagradas del Señor que deben tener cuidado para que las personas que lideran no mueran de la misma manera, es decir, encadenados por sus propios pecados.