Silvia relató su conmovedora historia de vida, marcada por abusos desde la infancia y en la adolescencia, lo que la llevó a una profunda depresión, consumo de alcohol y tabaco, e intentos de suicidio. Mencionó haber sufrido una violación antes de casarse, lo que la "terminó de destruir del todo".
A lo largo de los años, Silvia experimentó ataques de pánico, nerviosismo extremo, alucinaciones auditivas y dolores de cabeza constantes. Buscó consuelo en la "Casa de los Espíritus", pero sus problemas persistieron y su vida familiar se deterioró, llegando a tener dificultades económicas y problemas de salud en sus hijos.
Finalmente, por iniciativa de su hija, Silvia encontró la Iglesia Universal, donde comenzó a asistir los viernes. Afirmó que, a través de la fe y el "Espíritu Santo", logró liberarse de sus dolencias físicas y espirituales, recuperando la paz, la felicidad y la armonía familiar. Su testimonio busca inspirar a otros a buscar ayuda en la iglesia.