La ciudad de Roma fue sorprendida por un fuerte y repentino temporal que incluyó intensas lluvias, vientos destructivos y un inusual tornado. El fenómeno meteorológico causó severos daños materiales y un gran caos vial en el norte de la capital italiana.
Se reportaron techos de madera arrancados, carteles publicitarios destruidos y numerosos árboles de gran tamaño caídos. Varios automóviles estacionados terminaron aplastados, incluyendo un Maserati que quedó totalmente bajo un árbol. Afortunadamente, a pesar de la magnitud de los destrozos, no se registraron heridos ni víctimas, lo que fue calificado como un "milagro" por los medios locales.