La guerra en Oriente Medio y el conflicto entre Israel e Irán están impactando severamente las economías de varios países africanos, generando una caída en las ventas y un aumento desmedido en los precios de los combustibles. Esta situación ha provocado protestas y huelgas en diversas naciones del continente.
Sudáfrica anunció que modificará los precios de varios tipos de combustible, citando presiones económicas nacionales e internacionales, así como las tensiones geopolíticas en Oriente Medio que afectan el estrecho de Hormuz. En Kenia, el aumento del precio de los combustibles se ha convertido en un desafío cotidiano, llevando a una huelga del sector de transporte que paralizó gran parte de Nairobi y otras ciudades, obligando a miles de personas a caminar a sus trabajos.
Los precios de la gasolina y el diésel en Sudáfrica rozan sus niveles más altos en cuatro años. En Kampala, Uganda, el impacto se siente en toda la cadena de suministro, afectando a importadores y exportadores que dependen del transporte. Incluso en Nigeria, un país productor de petróleo, los expertos señalan que la subida del crudo no se traduce en un fortalecimiento de las reservas de divisas, ya que las operaciones petroleras son empresas conjuntas.
Los gobiernos africanos enfrentan una creciente presión para mitigar los efectos de esta crisis, mientras las empresas advierten sobre tiempos aún más difíciles si las medidas adoptadas no surten efecto.