Una nueva pista surgida desde Bélgica ha modificado la dirección de la investigación sobre el robo de piezas de la corona francesa en el Museo de Louvre. Los investigadores confían en esta nueva información, que incluye materiales recolectados de teléfonos y ubicaciones geográficas, sugiriendo que las piezas podrían encontrarse en territorio belga.
Desde el inicio del caso, se destacó la complejidad de recuperar los objetos debido a la facilidad con la que podrían desarmarse y venderse en el mercado negro del arte a precios exorbitantes. Esta nueva evidencia podría reforzar la hipótesis de que el robo fue un encargo de coleccionistas o traficantes de arte.