Irán está experimentando la mayor inflación interanual desde la Segunda Guerra Mundial, lo que evidencia las graves dificultades económicas que afronta el ciudadano promedio. Esta situación genera preocupación en la República Islámica, que además se mantiene alerta ante una posible reanudación del conflicto con Israel y Estados Unidos.
Un informe del Banco Central de Irán, publicado recientemente, confirmó la devaluación de la moneda nacional, el real, un hecho que los ciudadanos ya percibían al realizar sus compras y pagar servicios.
La economía iraní, fuertemente dependiente de los ingresos petroleros, también sufre problemas estructurales como la mala gestión y la corrupción, en un contexto de bloqueo naval impuesto por Estados Unidos. Históricamente, la presión económica ha provocado protestas en el país, un escenario que la teocracia ha intentado evitar tras las manifestaciones de enero, que según estimaciones de activistas, dejaron más de 7.000 muertes.