Una escuela en el barrio de Mataderos enfrenta una invasión de ratas que ha llevado a los padres a no enviar a sus hijos a clases, temiendo por su salud y seguridad.
Los padres autoconvocados denuncian la presencia de roedores desde hace un mes, con mobiliario dañado y heces de ratas en los bancos donde se sientan los niños. A pesar de la colocación semanal de cebos, estos no son consumidos y la cantidad de ratas sigue en aumento.
Las familias exigen una solución definitiva por parte de las autoridades, ya que consideran que tanto los alumnos como los docentes están en riesgo. La conducción de la escuela y los profesores apoyan el reclamo, manteniendo el establecimiento vacío mientras no se resuelva la situación.