Laura Quiñones Urquiza, perfiladora criminal, analizó el caso Agostina y desestimó la idea de que el crimen "se le fue de las manos" al agresor. Afirmó que los delincuentes sexuales actúan con una lógica de costo-beneficio, evaluando la probabilidad de éxito de sus acciones y cómo resolverlas. Subrayó que el descuartizamiento criminal siempre es una elección racional.
La especialista explicó que los depredadores sexuales identifican oportunidades en menores con conflictos, desprotección o soledad, como pudo haber ocurrido en el caso de Agostina, quien estaba distanciada de su padre. Criticó la narrativa de que el agresor no planeó el crimen por dejar "cabos sueltos", argumentando que la impunidad previa lo llevó a sentirse omnipotente.
Quiñones Urquiza también advirtió sobre el peligro de instalar la idea de que los crímenes "se salen de control", ya que esto podría aleccionar a futuras víctimas a no defenderse. Mencionó que la estadística indica que los delincuentes sexuales varones suelen iniciar sus actividades entre los 20 y 25 años.