Cintia compartió su testimonio de superación de una profunda tristeza y miedos que la atormentaban desde la infancia. Relató que creció en un hogar con constantes conflictos entre sus padres, lo que la llevó a una depresión y pensamientos suicidas desde los 8 o 9 años.
Durante su adolescencia, la separación de sus padres intensificó su sentimiento de soledad y desprotección. A pesar de aparentar tranquilidad externamente, internamente era una persona agresiva, explosiva, celosa e insegura. Además, comenzó a sufrir problemas de salud como desmayos, dolores de cabeza intensos y dolores corporales, sin que los médicos encontraran una causa física.
Cintia describió su terror a la noche, obligándola a mantener todas las luces encendidas y sintiendo la presencia de una figura masculina que la observaba y la paralizaba con miedo a la muerte. Finalmente, por invitación de su madre, llegó a la iglesia donde, según su testimonio, encontró paz y experimentó una diferencia inmediata, logrando dormir y sintiéndose diferente.
Aunque no sintió nada al recibir el Espíritu Santo, tuvo la certeza de que Dios estaba con ella, lo que le dio tranquilidad para enfrentar las luchas. Afirmó que su vida está completamente renovada, ya no sufre tristeza, tiene paz, alegría, ganas de vivir, proyectar y sueña con hacer cosas. Expresó su felicidad en su matrimonio, la unión con sus hijos y el amor en su familia, atribuyendo el cambio a la obra del Espíritu Santo.