Se analiza la personalidad de Barrelier, describiéndolo como un psicópata que no muestra arrepentimiento ni registra lo humano. Se señala que su admisión de haber estado cerca del descampado donde se encontró el cuerpo no fue una quiebra emocional, sino una estrategia.
Se critica la acción del fiscal Raúl Garzón por no ordenar la detención de Barrelier el domingo por la noche, a pesar de que los indicios apuntaban hacia él. Se menciona que el remisero Ariel fue quien lo dejó en la esquina de la casa de Barrelier y que este último le pagó el viaje, hechos que debieron ser suficientes para una detención preventiva.