La baja natalidad, especialmente notable en Japón con menos de 3 millones de nacimientos anuales y un declive poblacional acelerado, es una preocupación mundial que afecta el consumo y la planificación a futuro de los países.
En Argentina, la situación se refleja en el cierre de jardines maternales por falta de niños. Se debate si la tecnología y un nivel de confort extremo influyen en la disminución de las relaciones interpersonales y, consecuentemente, en la tasa de natalidad.
Esta tendencia demográfica genera complicaciones económicas y previsionales a gran escala, impactando la demanda global y la producción industrial, como se observa en China, donde la superproducción de tecnología de punta contrasta con la menguante demanda.