Se reflexiona sobre el rol del periodismo y la justicia en casos como el de Agostina, criticando la tendencia a juzgar y señalar a las víctimas.
Se cuestiona la hipocresía de quienes se presentan como impolutos mientras participan en la difusión de información que puede ser perjudicial.
Se hace hincapié en que, a pesar de las circunstancias personales de la víctima, la responsabilidad principal recae en el asesino y en el sistema que permitió que el crimen ocurriera.