Se abordó la pereza o negligencia como el quinto pecado, un problema de carácter que impide la bendición de Dios. Se citó la enseñanza de que "el que no trabaja, que no coma", y se afirmó que Dios no bendice la pereza.
Se explicó que Dios da dones y la capacidad de esforzarse, y que incluso en milagros como la pesca milagrosa, se requirió la acción de los pescadores. La palabra de Dios enseña que debemos esforzarnos, ya que la pereza es contraria a Sus designios.