La casa de Claudio Barrelier, el femicida de Agostina, era conocida por los vecinos como "la casa del horror", pero la justicia no actuó ante las evidentes señales.
A pesar de los reiterados modus operandi y la pantalla de su familia, los crímenes se cometían en un lugar a la vista de todos, sin que nadie interviniera.
La psiquiatra Blanca Hugelman señaló que el femicida utilizaba su entorno familiar como coartada y que su capacidad de manipulación engañaba a todos, incluso a sus víctimas.