Los libros de Franz Kafka fueron prohibidos y quemados tanto por los nazis como por los comunistas. Esta prohibición se debió a que Kafka provenía de una comunidad judía y de una familia burguesa, lo que lo convirtió en una 'persona non grata' durante el régimen comunista.
Tras el fin del comunismo, Kafka se ha transformado en un símbolo del turismo en Praga. Existe un debate sobre si su popularidad actual es un extremo, pero la sensación general es que Kafka es más popular que nunca, especialmente después del 100 aniversario de su muerte en 2024.
Se cree que su popularidad radica en que la gente se identifica con él como un símbolo de lucha contra la sociedad o de incomprensión del sistema, lo cual es característico de su obra y de la sociedad actual.