Un depósito de fuegos artificiales explotó en la isla de Malta, en el Mediterráneo. Las detonaciones se escucharon a varios kilómetros de distancia, causando daños significativos en la zona.
La explosión provocó la destrucción de ventanas, cristales rotos y fachadas dañadas en construcciones cercanas. Al momento del incidente, no había operarios dentro de la fábrica, pero dos personas que trabajaban en campos aledaños resultaron heridas.