La autopsia de Agostina Vega confirmó que fue ahorcada y víctima de abuso sexual, calificando el caso como un femicidio brutal. El principal acusado, con antecedentes por violencia de género, fue liberado días antes del crimen, generando indignación y cuestionamientos sobre la actuación judicial.
Expertos analizaron la mente de los femicidas, señalando una combinación de factores psicológicos (inseguridad, rasgos narcisistas o psicopáticos) y culturales (machismo, creencia de superioridad masculina). Se destacó que la violencia de género suele ser un patrón repetitivo y que la justicia debe actuar con perspectiva de género para prevenir futuros crímenes.
Se debatió sobre la posibilidad de inimputabilidad en casos psiquiátricos, pero se concluyó que la planificación del crimen y la existencia de denuncias previas sugieren que el acusado sí era consciente de sus actos. Se hizo un llamado a la sociedad, especialmente a los hombres, a reflexionar y construir nuevas masculinidades para erradicar la violencia de género.