Se discute la época del año en que ocurren más divorcios, contrastando la creencia popular de la primavera con estudios que señalan el fin del verano y principios del otoño (enero, febrero, marzo) como picos en el hemisferio sur.
Enero se identifica como el mes del divorcio y marzo como el de las demandas formales, asociado al inicio del año y la planificación post-fiestas.
Se especula que la gente espera pasar las fiestas de fin de año antes de concretar la separación, evitando asociar las celebraciones con momentos de tristeza o culpa.