Se reitera que el desierto es un lugar de prueba y purificación, donde Dios examina el corazón y las motivaciones. Se menciona el ejemplo de José en la casa de Potifar y en la cárcel como su desierto.
Se subraya la importancia de examinarse a uno mismo antes de que Dios lo haga, y que el Señor prueba nuestro corazón para purificarnos de malas motivaciones, ya que para Él lo que cuenta es cómo hacemos las cosas y con qué espíritu.