Se revela que Facundo Leal, el funcionario detenido, era conocido por grabar a las personas con las que se reunía, utilizando una lapicera que supuestamente era una cámara.
Esta práctica de espionaje, sumada a los elementos encontrados en su domicilio, sugiere un "comportamiento turbio" y al borde de la ilegalidad. Se cuestiona quién, con las manos limpias, tendría la necesidad de grabar cada reunión.