Chang Sung Kim describe su fascinación por la cultura porteña y la personalidad de los taxistas argentinos, a quienes considera "psicólogos" por su habilidad para conversar y su conocimiento de la vida.
Contrasta esta apertura con la reserva y disciplina de los coreanos, destacando su disfrute al interactuar con los taxistas y aprender de sus experiencias.
Esta interacción con el "porteño" representa para él un contraste cultural enriquecedor y una fuente de diversión.