Se revela que el asesino de Agostina no era un individuo aislado, sino que trabajaba en la municipalidad y era barra brava de un club, indicando que era conocido en el barrio.
Se cuestiona cómo este tipo de personas acceden a puestos de poder y se les protege, sugiriendo que la justicia y la política están entrelazadas.
Se menciona la liberación del individuo pagando una fianza y la participación de un concejal en el caso, lo que genera sospechas sobre la influencia política en el proceso judicial.