El remisero Ariel, quien trasladó a Agostina, se siente profundamente conmovido y culpable por no haber detectado el peligro en el que se encontraba la joven.
Ariel declara que si hubiera sabido algo, no habría dudado en actuar. Lamenta que Agostina no haya sido encontrada a tiempo y cree que ella fue engañada y no debió haber ido a ese lugar.
Se destaca la actitud de Ariel, quien colaboró inmediatamente con la justicia, proporcionando información crucial para la investigación.