Se propone una visión del progresismo que prioriza la protección de la persona humana, independientemente de su orientación sexual o identidad de género.
Se critica la tendencia a debatir sobre cuestiones de género de forma superficial ("sacarle la pollera y el pantalón a algunos temas"), en lugar de abordar problemas fundamentales de derechos humanos.
Se aboga por un enfoque que ponga en el centro al individuo, reconociendo su dignidad y valor intrínseco.