El Parque Nacional Sierra Nevada de Santa Marta, un destino turístico popular en Colombia, enfrenta una creciente presencia de grupos armados como las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACS N), de origen paramilitar. Estos grupos controlan rutas de narcotráfico, explotan oro ilegalmente y extorsionan a empresas locales y comunidades indígenas.
A pesar del acuerdo de paz de 2016 con las FARC, el vacío dejado por los guerrilleros fue ocupado por paramilitares. El presidente Gustavo Petro intentó negociar el desarme con su política de "paz total", pero los paramilitares mantienen el control y el Clan del Golfo disputa el territorio. Las comunidades indígenas se encuentran en medio de la violencia, temiendo por su futuro y el de la Sierra Nevada, considerada un espacio sagrado.
Los paramilitares han amenazado a guardaparques y cobran su propia entrada a turistas. A pesar del miedo, los guardaparques insisten en proteger el ecosistema. La extorsión se ha convertido en un tema central de la campaña electoral, y la violencia extrema pone en riesgo la recuperación turística de la región.