Se explora la mente de los perpetradores de crímenes atroces, como el caso de Agostina, y se cuestiona qué lleva a estos individuos a cometer tales actos. Se enfatiza la dificultad de comprender sus motivaciones, ya que escapan a la lógica común.
Se recomienda a los investigadores centrarse en el "qué, cómo, cuándo y quiénes" de los hechos, evitando caer en el "por qué", ya que esto puede desorientar el proceso investigativo. Se sugiere que el análisis del "por qué" corresponde a jueces y psicólogos en etapas posteriores, una vez que toda la evidencia esté disponible.