Se debatió sobre la caracterización de los jóvenes actuales como la "generación de cristal", intolerante a la frustración.
Se sugirió que la dificultad para decir "no" por parte de los padres puede deberse a comodidad o a una culpa equivocada, y que la falta de límites puede generar más miedo y fantasías pesadillescas en los hijos.
Se enfatizó que poner límites es un acto de libertad y compromiso, que debe ser fundamentado y coherente.