Se reitera que Dios pulverizó a enemigos como el Faraón, los dioses egipcios, Belcebú, Dagón y el rey de Asiria, quienes se atrevieron a desafiarlo atentando contra su posesión más preciada. Dios defiende a su pueblo y su amor es incorruptible.
Se insta a no dudar del amor de Dios, quien protege a sus hijos porque los ama tanto como a Jesucristo. Se afirma que todos forman parte de la "niña de los ojos del Señor" y deben ponerse bajo su cobertura protectora.