Se plantea la pregunta de si los enemigos de Dios pueden destruir a su pueblo. Se afirma que si fuera posible, ya lo habrían hecho, y la preservación de la iglesia a lo largo del tiempo es prueba de la protección divina.
Se destaca que Dios, siendo invisible e imbatible, defiende a sus hijos, su posesión más preciada. Se hace referencia a Zacarías 2:8, donde se dice que quien toca al pueblo de Dios, toca "la niña de sus ojos", y Dios mismo luchará contra ellos.
El mensaje subraya el amor de Dios por sus hijos, comparándolo con el amor que Él tiene por Jesucristo. Se enfatiza que Dios advierte a los poderosos de la tierra que no se metan con su pueblo, citando el Salmo 105.