Selva relata su experiencia superando una grave enfermedad y una profunda crisis económica. A raíz de su dolencia, perdió su trabajo, su negocio y su auto, mientras su esposo debió dejar de trabajar para cuidarla, sumiéndolos en deudas y precariedad.
En su momento más difícil, cuando no tenía para comer ni para sus remedios, y estaba a punto de perder su casa, Selva aceptó la invitación a la iglesia. A pesar de su escepticismo inicial, la fe y la práctica de las enseñanzas divinas transformaron su vida, permitiéndole recuperar su trabajo, pagar sus deudas y reabrir su negocio.