Se relata el enfrentamiento entre David y Goliat como un ejemplo de cómo Dios pelea las batallas de su pueblo. Goliat desafió a las tropas de Israel, insultando al "Dios vivo".
Al igual que otros enemigos de Dios mencionados anteriormente, Goliat provocó al Señor al desafiar a su posesión más preciada. El relato concluye con Goliat siendo derrotado y decapitado, demostrando que Dios interviene en favor de su pueblo.