El fantasma del Ébola reaparece en África con un brote agresivo en el noroeste de la República Democrática del Congo y contagios importados en Uganda. La Organización Mundial de la Salud declaró emergencia sanitaria internacional ante más de mil casos acumulados. El brote actual corresponde a una cepa sin vacunas ni tratamientos aprobados, lo que complica su contención.
El virus, cuyo reservorio son los murciélagos, se expandió inicialmente de forma silenciosa, confundiendo sus síntomas con los de la malaria. La desconfianza ciudadana y los disturbios en comunidades rurales han dificultado el control, con quema de carpas médicas y fuga de pacientes. La tasa de letalidad ronda el 25%, inferior a cepas anteriores, pero la velocidad de propagación regional es alta.
La respuesta médica se ve obstaculizada por el conflicto armado y el desplazamiento forzado. El entierro de un médico fallecido por Ébola evidenció los estrictos protocolos biológicos necesarios. A pesar del miedo, los profesionales de la salud continúan trabajando. Colaboratorios como el de la Universidad de Oxford buscan acelerar el desarrollo de una nueva vacuna.