Los vecinos de Córdoba describen la casa de Claudio Barrelier como un "aguantadero", señalando movimientos constantes de personas y actividades sospechosas. La conmoción en el barrio es palpable, ya que la estructura de las viviendas es de clase media y no se esperaban tales sucesos.
Los residentes advirtieron sobre estas situaciones, pero no está claro si las denuncias llegaron a la policía. La aparente inacción del sistema genera frustración y enojo entre los vecinos.