Los vecinos describen la casa de Barrelier como lúgubre y turbia, diferenciándose del resto del barrio de clase media. Si bien no tenían una relación cercana con él, comentaban negativamente sobre la vivienda y las juntadas que allí se realizaban, mencionando la presencia de barras y fiestas.
Muchos vecinos prefieren no hablar por miedo, ya que saben que Barrelier no estaba solo y temen verse afectados. Se recuerda un incidente anterior donde una mujer huyó de la casa, lo que ya generaba sospechas sobre el lugar y su habitante.