La investigación del caso María Soledad se vio obstaculizada por la desaparición de testigos y las constantes amenazas a quienes se animaron a declarar.
Se relatan intimidaciones como el envío de ropa interior ensangrentada, persecuciones y el intento de arrollar al hermano de una testigo.
La intervención de Marta y la valentía de los testigos fueron cruciales para evitar que el caso se resolviera como un crimen de secta y se encubriera a los verdaderos culpables.