Las aguas de Svalbard son un punto clave en el contexto de la guerra entre Rusia y Ucrania. Rusia utiliza una flota de "barcos fantasma", embarcaciones sin GPS, para transportar petróleo y gas, evadiendo así las sanciones internacionales.
La posición geoestratégica de Svalbard es crucial para el control de las rutas del arco, lo que representa un desafío central para Noruega. El alcalde de Longyearbyen reconoce la importancia de esta ubicación, especialmente considerando que Rusia posee su mayor base de submarinos cerca de la frontera noruega, lo que le otorga una parte clave de su capacidad de represalia nuclear.
Desde 2022, Noruega ha incrementado las patrullas de guardacostas alrededor del archipiélago, una medida criticada por el Kremlin, que acusa a la OTAN de violar el tratado de 1920. Según este tratado, Svalbard no puede ser utilizado para fines militares, como la instalación de infraestructuras militares o bases navales. La pertenencia de Noruega a la OTAN implica ciertas obligaciones para la alianza en la región.