Se reflexionó sobre la responsabilidad social ante la vulnerabilidad de los adolescentes, instando a dejar de ser espectadores y asumir un rol más activo.
Se enfatizó que la tragedia de Agostina podría haber sido evitada y que es crucial no normalizar estos hechos, sino convocar a un cambio real.
Se planteó la necesidad de preguntarse qué se está haciendo como sociedad para prevenir futuras tragedias, más allá de analizar las secuencias de los hechos ya ocurridos.