Se analizó la dificultad de ocultar un crimen, señalando que siempre existen señales, tanto en el cuerpo como en el comportamiento de las personas.
Se planteó que la negación y el "no querer ver" ante situaciones siniestras son mecanismos de defensa ante el miedo y el horror.
Se destacó que, en contextos de convivencia familiar, la responsabilidad individual puede diluirse, dificultando la identificación de actos sospechosos.