El asesino de Agostina, Claudio Barrelier, demostró una notable capacidad de manipulación, logrando engañar incluso al padre de la víctima y a la propia justicia durante la investigación. A pesar de estar detenido, el acusado logró sostener sus mentiras y desviar la atención, aprovechando la confianza inicial y la falta de información precisa.
La inteligencia y la frialdad de Barrelier se evidenciaron en su habilidad para manipular a quienes lo rodeaban, incluyendo a la familia de Agostina. Su cinismo y la forma en que construyó su coartada, corrigiéndola de manera burda, revelan su psicopatía. La justicia, a pesar de contar con pruebas y testimonios, tuvo dificultades para quebrarlo, lo que subraya la complejidad del caso y la astucia del victimario.