Se aborda la polémica sobre el uso de perros detectores en la investigación del caso Agostina, destacando que los peritajes odorológicos han sido cuestionados por su margen de error.
Se advierte que la marca de un perro no garantiza certeza, y que ha habido casos de condenas a inocentes basados en este tipo de peritajes.
Se resalta la importancia de complementar estos métodos con pruebas científicas más precisas, como el ADN, para evitar errores en la investigación.