La investigación del caso Agostina se ve marcada por la actuación proactiva del padre, Gabriel, un ex policía que se adelantó a las fuerzas de seguridad en la búsqueda de pruebas.
Gabriel dedicó un día completo a revisar cámaras de seguridad, demostrando una dedicación que contrasta con la aparente lentitud de la policía de Córdoba.
Se cuestiona la versión de que Agostina habría enviado fotos desnudas, y se la relaciona con la falta de contacto y manutención por parte de su padre.
La familia enfrenta la cruda realidad de recibir a Agostina en una bolsa de consorcio, evidenciando la gravedad del crimen y la ineficacia de los protocolos de búsqueda.