Se intensifica la crítica hacia el fiscal Garzón y el ministro de seguridad de Córdoba en relación al caso Agostina. Se cuestiona la intervención del fiscal en la conferencia de prensa, impidiendo la respuesta del ministro y ofreciendo justificaciones propias, lo que se interpreta como una posible "connivencia" para protegerse mutuamente.
Se sugiere que esta dinámica de defensa mutua entre el fiscal y el ministro es una constante en la justicia cordobesa, donde los fiscales parecen defender al poder político. Se denuncia que el ministro de seguridad estaba de fiesta mientras se perdía tiempo crucial en la denuncia de Agostina, y que el fiscal demoró en activar los protocolos de búsqueda, a pesar de la gravedad de la alerta.