Analizan el perfil de los abusadores y la posible culpabilidad de las víctimas por su vestimenta o comportamiento.
Se discute si el abuso es un problema de cualquier profesión, clase social o ámbito, y si el perfil del abusador, como el de Barrillier, necesita víctimas cercanas.
Se cuestiona la vestimenta de las adolescentes y las fotos que comparten, sugiriendo que es una moda y que las chicas se visten como la mayoría de las de su edad.
Se reflexiona sobre la dificultad de defender a personas que generan asco y la indignación de algunos profesionales ante casos de abuso.