El archipiélago de Svalbard, un territorio neutral noruego regido por el Tratado de 1920, se ha convertido en un punto estratégico en el contexto de la guerra en Ucrania. Históricamente, Rusia es el único de los 45 países firmantes del tratado que explota los recursos minerales de la zona, manteniendo dos colonias: Barentsburg y Pyramiden.
Barentsburg, administrada por la empresa estatal rusa Trust Arcticogol, enfrenta dificultades debido a las sanciones económicas impuestas por Europa. A pesar de que la mina de carbón ya no es rentable, sigue operando para justificar la presencia rusa. Los habitantes, muchos provenientes del Donbass, trabajan en condiciones difíciles y dependen de una tarjeta emitida por la empresa para realizar compras, ya que los suministros de Europa son limitados.
Las autoridades noruegas, a través de agentes de aduanas, controlan el cumplimiento de las sanciones, inspeccionando barcos y contenedores que llegan desde Rusia. La presencia militar noruega se ha reforzado, lo que ha sido criticado por el Kremlin, que acusa a la OTAN de violar el tratado. El tratado prohíbe infraestructuras militares en Svalbard, pero Noruega, como miembro de la OTAN, debe cumplir con sus obligaciones.
Rusia, por su parte, planea invertir 30 millones de euros para modernizar las infraestructuras de sus colonias en Svalbard, incluyendo la reactivación de Pyramiden como un centro internacional de investigación junto a aliados como China e Irán, buscando así reforzar su presencia en territorio europeo.