La reina de Esparta busca apoyo político para enviar refuerzos a Leónidas, enfrentándose a la oposición de un consejero realista y oportunista. El consejero argumenta que Leónidas es un idealista que rompió las leyes al ir a la batalla sin el consentimiento del consejo.
El consejero, dueño de la cámara, desestima la influencia de la reina ante el consejo y predice que Leónidas no recibirá apoyo. Advierte que si regresa sin refuerzos, enfrentará graves consecuencias. La reina, a pesar de su pasión por Esparta y su rey, se ve acorralada por las intrigas políticas.