La búsqueda de personas y estupefacientes con perros es una labor que requiere entrenamiento especializado y métodos específicos.
Se desmitifica la idea de que los perros son drogados para esta tarea; en realidad, la metodología se basa en la recompensa a través del juego, utilizando un elemento similar a una toalla atada como premio.
Esta técnica de recompensa por juego es preferida a la de comida, ya que mantiene al perro motivado a cualquier hora, incluso en operativos nocturnos.
Se prefiere el uso de hembras, que deben ser castradas para evitar el celo, y se descarta el mito de que los machos tienen celo.
Los perros de trabajo experimentan un cambio de actitud al ponerse el chaleco, transformándose en animales enfocados en su labor.
El momento óptimo para que un perro comience a trabajar es entre el año y medio y los dos años, y su vida laboral se extiende hasta aproximadamente los siete años.
La elección de razas como el labrador, golden retriever o malinois se debe a su voluntad de trabajo y olfato, aunque el sabueso de San Huberto, a pesar de su olfato privilegiado, muestra poca voluntad de trabajo.